lunes, 6 de abril de 2015

GALLINAS ¿FELICES?


 “¿Y si la gallina fuera criada en libertad en tu casa? ¿Y si estuviera en un gran espacio, comiendo gusanos y paseando todos los días? ¿Y si no tuvieras nada más que comer?... ¿comerías huevos?”
Gallinas felices es un eufemismo, puro márketing que pretende hacer sentir a algunas persones en paz cuando compran huevos éticos.
Decimos gallinas felices porque no queremos decir gallinas cautivas. Les hemos ampliado la jaula, pero siguen siendo cautivas.
En estado natural, hecho casi impensable, ya que la gallina ha estado domesticada y transformada desde hace miles de años, como las otras aves, pondrían huevos no todos los días, donde les pareciera, se los comerían a veces, estarían rodeadas de gallos y estos huevos serían fecundados y de ellos saldrían pollitos.
¿Están mejor tratadas? ¿Se les permite caminar, tomar el sol, morir de viejas, comer gusanos? ¿No se les corta el pico? Puede que estas prácticas les parezcan bien a ellas, pero me pregunto si se les permite a hembras y machos vivir en contacto, como observamos en las otras aves en libertad.
¿Sabíais que en un huevo, a las 24 horas de ser fecundado el sistema circulatorio del embrión de pollito ya es operativo y la cabeza empieza a tomar forma? ¿Y sabíais que entonces se nutre de la yema para desarrollarse? Sí, por eso no se tiene a gallinas y gallos cerca. La gallina dejaría de poner huevos diariamente y se dedicaría a incubar.
Ni son libres, ni son felices. Están a nuestro servicio y para la obtención de los huevos hay un montón de hábitos de estas aves que se han tenido que modificar. A su vez, continuamos formando parte de la cría y por lo tanto de la “producción de gallinas”, con todo lo que ello conlleva en cuanto a inseminación artificial, elección de pollitos “aptos”, y una larga lista de prácticas que no las hace ser felices, siento decirlo.
Se puede vivir sin comer huevos. Se puede vivir sin comer pollos. Se pueden hacer tortillas sin huevos, y pasteles.
El papá de una amiga dice: “Y si mi abuela tuviera huevos, sería mi abuelo”.
Nunca mejor dicho.














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